Andrea & Patricio

En el corazón de Hacienda La Escoba, un espejismo toma forma. Diez arcos góticos de cuatro metros de altura iluminan el camino hacia una fortaleza cristalina, un monumento a lo efímero, donde los sueños encuentran su reflejo en el tiempo.

Dentro de este palacio etéreo, la realidad se difumina en un tapiz de luz y flores suspendidas. Ocho majestuosas corolas flotan en el aire, manifestaciones divinas que impregnan cada respiro con la fragancia del amor. Entre ellas, delicadas estrellas florales brillan en una danza aérea, suavizando los sentidos con su luminiscencia etérea.

La naturaleza reclama el espacio con una gracia sublime, su aliento verde se despliega en cada rincón. Un follaje exuberante trepa por columnas y arcos, envolviendo la arquitectura en un abrazo vibrante, mientras un dosel de flores suspendidas cae entre las mesas, meciéndose como si el propio aire cobrara vida. Bajo los pasos delicados de los invitados, la alfombra marfil acoge un jardín en movimiento: cinco flores monumentales emergen con precisión celestial, mientras que otras más pequeñas tejen una coreografía delicada en un escondite dulce y secreto.

…Un monumento a lo efímero, donde los sueños encuentran su reflejo en el tiempo…

“Dentro de este palacio etéreo, la realidad se difumina en un tapiz de luz y flores suspendidas.”

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